La conducta siempre está diciendo algo. Detrás de una rabieta, del enfado, de la desobediencia o del silencio, muchas veces hay dificultades emocionales o dinámicas que el niño todavía no sabe expresar de otra manera.
Por eso en terapia infantil no trabajamos solo con el niño de forma aislada. Observamos cómo se relaciona con su entorno, qué está intentando comunicar y qué patrones se están manteniendo dentro del sistema familiar.